Patricia García: El rugby me enamoró por sus valores

Bendito el día en que Irene Schiavon tentó a Patricia García (El Escorial, 1989) con el rugby. Con 18 años, la madrileña colgó las botas de fútbol y cambió el balón esférico por el oval. Diez años después, es una de las mejores jugadoras de rugby del mundo.

Su palmarés es envidiable, pero si por algo destaca esta jugadora de prestigio internacional es por su humildad. Pone todo su empeño en contribuir a crear un mundo mejor con el rugby por bandera y es una apasionada de la educación en valores a través del deporte.

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Patricia García, icono de Las Leonas, es Campeona de Europa de Rugby 7 i XV | Foto: BABNIK/TEAM PGR


¿Qué fue lo que te enganchó tanto a este deporte como para entregarle los mejores años de tu vida?

El rugby me enamoró, sus valores me cautivaron porque se pueden aplicar a la vida. Y en cuanto conecté con eso me di cuenta de que al final es un propósito de vida: intentar construir un mundo mejor.

Me fascinó el tema de la integración social: seas como seas y tengas las capacidades que tengas, o incluso si tienes alguna discapacidad, tienes un lugar, un rol y eres igual de importante que el resto: esto conectó realmente con mi esencia.

Además de este factor integrador, ¿qué otros valores destacarías?

El respeto al árbitro, al rival, a las normas, a uno mismo, a tu equipo, el respeto a la diferencia. Otro gran valor es el trabajo en equipo, el compañerismo, tener claro que el equipo siempre está por encima del individuo. Que las personas desarrollen sus habilidades o aporten sus puntos fuertes siempre pensando en el éxito grupal me parece importantísimo.

Y luego la superación, caerte y levantarte cada vez, y luchar por los objetivos, por los sueños, luchar ante las dificultades así como ante cada placaje.

¿El rugby se ha quitado ya de encima ese estigma de deporte violento?

Está en ello, porque hay muchas personas que todavía no lo conocen. Aunque creo que cada vez más se entiende que es un deporte de valores, en el que hay mucho respeto. Por supuesto hay ejemplos en los que eso no se cumple, pero no solo en el rugby, en otros deportes también. Todo lleva su tiempo.

Ha causado impacto el spot de Joma protagonizado por Las Leonas. ¿Cómo acabar con ese tópico de que el rugby no es un deporte para mujeres?

Los medios de comunicación cada vez están más concienciados de la importancia de la visibilidad de la mujer y de transmitir un mensaje de igualdad y de deporte sin género. Estamos aún en una sociedad impregnada de rasgos históricos machistas, una sociedad patriarcal, y esto se transmite en muchos ámbitos de la sociedad. Pero el proceso de cambio ya se ha iniciado. Dentro del rugby esto está asumido, vivimos en una absoluta igualdad, el spot impactó muchísimo y esto ayuda a seguir con esa concienciación: el rugby es un deporte que puede practicar cualquier tipo de persona independientemente de raza, sexo o religión.

¿La extrema competitividad que se os pide en la élite es antagónica a estos valores asociados al deporte?

Creo que no. Otra cosa es que no estemos concienciados y que parezca que haya que ganar a todo precio. Un buen ejemplo son los All Blacks, campeones del mundo en diferentes disciplinas, y sin embargo son el equipo que mejor representa los valores del rugby. Ya lo dice su lema: “Better people create better All Blacks” (“Mejores personas hacen mejores All Blacks”).

Reconocimiento internacional

Recientemente elegida en el siete ideal de la temporada de las Sevens Series Mundiales -reconocimiento que ya obtuvo en 2012-, Patricia García es la pieza clave de Las Leonas. Bicampeona de Europa de Rugby XV, campeona de Europa de Rugby 7, diploma olímpico en Río de Janeiro 2016 y un largo etcétera conforman un palmarés impresionante.

Has jugado en Nueva Zelanda, la meca del rugby. ¿Cómo fue la experiencia para una apasionada de este deporte como tú?

Allí el rugby es deporte nacional y en su cultura están realmente integrados sus valores. Su cultura y su gente me cautivaron. Si tuviera que elegir algún país para vivir dudaría entre España, por mis raíces, y Nueva Zelanda.

Ahora vienes de jugar en la liga japonesa, en el Tokyo Phoenix Rugby Club. ¿Cómo has vivido la experiencia?

Tienen un sistema de juego distinto al nuestro y fuera del campo es una cultura totalmente diferente. Tienes que estar muy atenta, observarlo todo y ser muy respetuosa para ir aprendiendo sus hábitos. Por ejemplo, cada vez que entran y salen del campo de rugby hacen una reverencia de respeto. Es algo que nosotros no tenemos integrado en nuestra cultura. No es que sea una falta de respeto no hacerlo, pero ves que lo más adecuado es hacerlo.

 ¿Cuáles son las principales diferencias entre el rugby que se juega allí y el de aquí?

Por su morfología, por ser jugadoras más pequeñas, sufren un poco en todo lo que es el combate, en eso tienen que mejorar. Por eso también fichan a jugadoras extranjeras. Pero son muy disciplinadas y se emplean a fondo en el trabajo físico y técnico.

Entienden el juego más a nivel táctico. En muchos aspectos de la vida, no solo en el rugby, les dicen “esto se hace así” y ellos lo respetan casi sin rechistar. Esto por una parte es positivo, pero cuando lo traducimos al rendimiento, les impide entender, razonar, criticar o analizar la lógica interna del juego, por lo que ante situaciones de táctica o de toma de decisiones, quizás les falte un punto de análisis.

Sin embargo, a nivel de estructura y de clubes, sin duda la liga japonesa es la más profesional en la que he jugado.

El rugby como herramienta de integración social

La educación en valores que promueve Patricia García dentro y fuera del campo la ha llevado a poner en marcha dos proyectos sociales. A nivel nacional, ha impulsado ‘Rugby & Values’, un programa de integración de colectivos en riesgo de exclusión y personas con diversas capacidades, a través de actividades en escuelas y centros penitenciarios, entre otros contextos.

En el plano internacional, Patricia está vinculada al proyecto ‘Rugby Libre, centrado en colectivos con un alto riesgo de exclusión en zonas donde el rugby está menos arraigado. La iniciativa trabaja sobre el terreno con jóvenes expuestos a graves problemas como el tráfico de drogas, la violencia y la pobreza. A través del rugby, se pretende mejorar su calidad de vida ofreciéndoles la posibilidad de desarrollar su potencial deportivo.

Todo ello ha transformado también a esta deportista, que es muy consciente del valor de la educación para cambiar el mundo: “Se trata de ir creando redes, si todos jugamos a ser mejores personas vamos a crear un mundo mejor”, afirma convencida y orgullosa de haberse convertido en un referente del rugby con valores.

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