Maica García: El deporte de élite no es sano

Maica García (Sabadell, 1990) es la mejor boya del mundo y apenas supera los 6.000 seguidores en Twitter. Es lo que tiene dedicarse al waterpolo en el país del monopolio del fútbol. A lo lejos, sus 188 centímetros y anchas espaldas impresionan, pero llevan a engaño: afable en la distancia corta, su mirada es cristalina y se mueve con una gracilidad pasmosa.

Hace solo 15 minutos se estaba exprimiendo junto a sus compañeras en la piscina del Club Natació Sabadell, como hace cada día durante 5 horas. Ahora viste una camisa veraniega estampada de piñas, vaqueros rotos y calza unos zapatos de esparto con plataforma. Si todos tenemos nuestro lugar en el mundo, el de Maica es la piscina del club de su vida.

Maica García en la piscina del CN Sabadell

Maica García, en la piscina del CN Sabadell | Foto: Mònica Moreno


Habrás estado en miles de piscinas a lo largo de tu carrera, ¿cuál es la más especial?

Hay varias, la del Sabadell es una de las más bonitas del mundo y significa mucho para mí: nací aquí y he estado toda mi vida en el club. Aunque si tuviera que quedarme con una sería la de las Picornell de Barcelona, donde ganamos el oro mundial en 2013. La piscina para mí es entreno y trabajo duro. Cuando estoy compitiendo es un campo de batalla, donde saco lo mejor de mí.

Has confesado que ser boya es un horror, un trabajo ingrato.

Es muy duro porque hay mucho contacto y mucha pelea, pero ya me va esa competencia de fuerza. Además, al ser una posición tan complicada la gente te admira y te agradece tu trabajo. Me quedo con eso.

¿Cuál es el secreto del oficio?

Es una posición con unos movimientos técnicos muy concretos que hay que dominar. Zafarse del marcaje, controlar los giros, el lanzamiento, son cosas que he ido aprendiendo con la experiencia y con la ayuda de entrenadores, compañeras y rivales.

Una de esas rivales pronto te dejó claro que no iba a ser un camino de rosas…

Fue en la final del Europeo de Málaga del 2008, yo tenía 18 años y llevaba poco tiempo en la selección. En una jugada sin trascendencia, la cubreboya rusa Elena Smurova, que parecía un hombre de lo fuerte que estaba, me dio un puñetazo en la cara sin venir a cuento. Nunca lo he entendido.

¿Se permite demasiada violencia en el waterpolo?

Hay mucha lucha, pero no hasta esos extremos de ir a hacer daño. También depende mucho del arbitraje, que es totalmente subjetivo. El problema de nuestro deporte es que solo se ve la mitad, lo que pasa debajo del agua el árbitro se lo tiene que imaginar.

En muchos deportes tiende a predominar el físico sobre la técnica y el talento, ¿también en el waterpolo?

Yo diría que está al 50%, es un deporte muy completo, que te exige un gran fondo físico, pero también mucha técnica. Nosotras hemos hecho de todo para evolucionar: desde entrenar con los chicos de lucha libre en el CAR para mejorar los agarres hasta aikido y yoga, con Miki Oca, que es un fan.

Los deportes de agua tienen esa mística del entreno duro, de jornadas maratonianas en la piscina. Ahí está la selección masculina del 92 y la disciplina militar de Matutinovic o la polémica de Anna Tarrés y las chicas de la sincronizada, ¿te ves reflejada en casos como estos?

Los deportes de agua son muy machacas. Al desenvolvernos en un medio distinto, necesitamos muchas horas, más que un futbolista o un jugador de baloncesto. Yo en 2009 también tuve a un entrenador, Joan Jané, que fue tremendo. Solo estuvo 3 meses, pero me atrevería a decir que fueron los más duros de la historia del waterpolo femenino.

“Los deportistas de alto nivel desarrollamos una mayor tolerancia al dolor.”

Rafa Nadal y Ona Carbonell, por citar dos ejemplos, han confesado que se han acostumbrado a vivir con dolores, ¿te pasa también a ti?

Totalmente, creo que los deportistas de alto nivel desarrollamos una mayor tolerancia al dolor. Nada en exceso es bueno, por eso intento ser consciente de ello y cuidarme todo lo que puedo. Definitivamente, el deporte de élite no es sano y es algo que me preocupa de cara a mi vida después del waterpolo.

¿Te has sentido exprimida como deportista?

Sí que hay momentos en los que dices: soy persona, necesito desconectar y no puedo, porque no voy a dejar al equipo tirado. Se hace duro, son 11 meses de competición al año y solo podemos descansar en agosto, y no todos los años. Algo tan simple como hacer planes un fin de semana es muy complicado para un deportista de élite. Tienes que dedicarle disponibilidad total.

Un día decidiste que no ibas: renunciaste a jugar el Mundial de Budapest del 2017.

Fue un momento de agobio, de mucho estrés, no sabía por dónde salir. Un tema totalmente mental, nada físico. Quería parar para no tener que dejar el waterpolo. Habrá gente que piense que fui egoísta y otra que fui valiente, pero no me arrepiento.

¿Pudo influir la exigencia a la que estáis sometidas? Parece que todo lo que no sea ganar una medalla o un título no vale.

Es presión, pero a mí me da bastante igual. Siempre queremos ganar y trabajamos a tope para ello, aunque a veces no se puede. Este verano en el Europeo de Barcelona queríamos el oro y tuvimos que conformarnos con el bronce. No se nos puede castigar por no ganar siempre, porque hay muchísimo trabajo y entreno detrás.

¿Os habéis sentido menospreciadas por los medios de comunicación?

Hay momentos en los que sí. Es muy complicado tener una portada o que se hable de waterpolo fuera de lo que es una gran competición. Si no ganas no te ven.

Y aun ganando no se enteran hasta 24 días más tarde, como Sergio Ramos…

Me hizo gracia, por eso le contesté en Twitter. Él vive a otro nivel, tiene su mundo aparte y entiendo que no se entere de nada de esto. Aunque fuera tarde puso algo, que otros ni eso. Hubo polémica y se habló de waterpolo, que al final es de lo que se trata.

Con tu palmarés, si fueras hombre y futbolista tendrías la vida más que solucionada.

No es comparable, primero va el fútbol y después vamos todos los demás. Yo ya no lo considero ni un deporte, come aparte. Lo entiendo y soy consciente de que tiene lo que genera, pero deportes como el waterpolo necesitan más apoyo. Yo he tenido la suerte de estar en la selección y en el mejor club de España, aquí todas tenemos un sueldo.

A nivel nacional ya es otra cosa, muchas ni cobran ni pueden entrenar como lo hacemos nosotras, para ellas el waterpolo acaba siendo algo amateur. Y ojo, hablamos de jugadoras de División de Honor, la liga más importante de España. Yo me pagaba los bañadores hasta hace 5 o 6 años y algunas todavía tienen que pagárselos de su bolsillo.

“Yo me pagaba los bañadores hasta hace 5 o 6 años y algunas todavía tienen que pagárselos de su bolsillo.”

Entrenamientos muy duros, escasos medios y poca visibilidad, ¿cómo se aguanta durante 15 años?

Pasión por el waterpolo y unión con el equipo, son las claves. Estamos tantas horas juntas que somos como hermanas, tanto en el Sabadell como en la selección. Las veo muchas horas todos los días, pero llega el fin de semana y me apetece hacer planes con ellas. Son como mi familia.

Una familia que ha llegado muy lejos: sois la mejor generación del waterpolo femenino de la historia de este país, ¿cómo se gestó esta selección?

Yo estoy en la selección desde el 2007 y en esa época el equipo no se lo creía. En 2010 hubo cambios: entró gente joven, llegó Miki Oca y se varió el estilo de juego. Primero nos costó, el Mundial de Shanghái del 2011 fue un desastre, pero nos conjuramos para salir adelante.

Y lo lograsteis…

Se notaba en el ambiente, la gente estaba más optimista, más ambiciosa. Ganamos el preolímpico de Trieste y nos dimos cuenta de que podíamos competir de tú a tú con los mejores. Y luego llegó la plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

¿Se puede dormir antes de una final olímpica?

Para nada, olvídate de dormir antes de una final, ya sean Juegos o Mundiales, se vive con muchísimos nervios. Y eso que en Londres sabíamos que delante teníamos a un equipazo como Estados Unidos. No llegábamos con el nivel para ganar, íbamos a los Juegos a disfrutarlos y la plata fue un premio que no esperábamos.

¿Pudiste disfrutar la plata olímpica, aun acabando de perder una final?

En el momento en el que pitaron el final me costó, lo llevé fatal. Pero a la que salimos del agua y nos abrazamos ya cambiamos el chip y lo celebramos a lo grande. Para mí en aquel partido no perdimos un oro, ganamos una plata.

“En la final olímpica de Londres 2012 no perdimos un oro, ganamos una plata”

En los Juegos de Río del 2016 las cosas no fueron como esperabais.

Fue una decepción, creo que íbamos preparadas para dar más de lo que dimos. Tuvimos un muy mal partido ante Rusia y la pena es que fuera en el cruce de cuartos, cuando un mal día ya te deja fuera.

Sois un equipo que siempre ha destacado por su cohesión y estabilidad, ¿el inesperado descarte de la capitana, Jennifer Pareja, pudo perjudicar al grupo?

Fue raro, pero lo supimos algunos meses antes de los Juegos y ya estaba asimilado. Creo que no fue decisivo, por la presión o lo que fuera las cosas no salieron como queríamos.

Desde fuera da la impresión de que sois un grupo fácil de llevar, ¿le habéis complicado mucho la vida a Miki Oca?  

Miki no se puede quejar, él es un tío muy tranquilo y nosotras siempre le hemos respetado mucho. Nos hemos adaptado muy bien a su manera de trabajar y ver las cosas.

¿Por qué a la mayoría de equipos femeninos los entrenan hombres?

No tengo una respuesta. Aunque si te digo la verdad, se me haría complicado tener a una entrenadora. Nos entenderíamos porque somos mujeres, pero tenemos un carácter especial y creo que podría haber choques y graves problemas. He hablado con jugadoras que tienen a entrenadoras y me han comentado que es difícil que transmitan lo que quieren, quizás sea por una cuestión de carácter.

También es verdad que hay días que piensas que nos iría mejor con una entrenadora. Solo he tenido una en mi carrera y me gustaba, aunque yo era muy joven y no tenía peso en el equipo. No me quejo de los entrenadores que he tenido, me han llevado a ganar.

Las nuevas generaciones suben con mucha fuerza, en el club y en la selección compartes la boya con Paula Leitón, un prodigio de precocidad. ¿Te ves con fuerzas para seguir compitiendo mucho tiempo?

De momento quiero llegar a los Juegos de Tokio del 2020 e intentar ir a por el oro olímpico, es lo que me falta. Quizás también me gustaría probar una experiencia en el extranjero. Aunque tuve muchas ofertas, en su momento no me decidí a hacerlo. Tampoco me arrepiento.

El tópico dice que los deportistas de élite ni leen, ni estudian. Tú eres todo lo contrario: te licenciaste en Publicidad y RRPP, tienes un master y estás cursando otro.

Todo cuesta un poco más, en lugar de hacer la carrera en 4 años tuve que emplear 6. Al final es constancia y organización. Después del waterpolo no tienes nada, no me da dinero para vivir toda la vida, por eso nunca he dejado de estudiar.

EL TEST DE MAICA GARCÍA

Participaría en un reality, aunque nunca se lo han propuesto, y se haría un selfie con un famoso actor estadounidense. ¿Adivinas cuál?

La mejor boya del mundo pasa el Test de Victoria Mag.

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